La resistencia de las bacterias a los antibióticos es un importante problema de salud pública, ya que reduce la eficacia de los tratamientos disponibles y dificulta la curación de infecciones comunes. Esto provoca un aumento de la mortalidad, estancias hospitalarias más largas y mayores costos sanitarios, además de limitar las opciones terapéuticas. Los animales destinados a la producción de alimentos (como el ganado) pueden actuar como reservorio de bacterias resistentes, que pueden transmitirse a los humanos a través del contacto directo, la cadena alimentaria o el medio ambiente.
Para investigar este fenómeno, en un estudio reciente realizado en NEIKER, nos centramos en una bacteria muy común, Escherichia coli, que en algunos casos produce enzimas (β- lactamasas de tipo BLEE/AmpC) que la hacen resistente a antibióticos importantes para el tratamiento de infecciones graves como son las cefalosporinas de tercera y cuarta generación. En este estudio se analizaron aislados de E. coli resistentes a cefalosporinas procedentes de ganado bovino, ovino, porcino y aves. Mediante técnicas avanzadas de secuenciación del ADN (tecnología de secuenciación de fragmentos largos de Oxford Nanopore) se secuenció su genoma completo. Los resultados mostraron que estas bacterias presentan una gran diversidad genética, es decir, no pertenecen a un único tipo, sino a muchos linajes diferentes. Aun así, compartían elementos comunes relacionados con la resistencia a múltiples antibióticos.
Un hallazgo clave fue la detección en varias cepas de E. coli aisladas de ganado bovino de blaCTX-M-65, un tipo de gen responsable de producir resistencia a las cefalosporinas que es poco común a nivel mundial, especialmente en vacas. Lo más relevante es que este gen no se estaba propagando por la expansión de una sola cepa bacteriana, sino a través de elementos genéticos móviles llamados plásmidos. En este estudio, se identificó un tipo concreto de plásmido (IncHI2) como el portador del gen blaCTX-M-65 así como de otros muchos genes de resistencia presentes en islas de multi-resistencia.
Estos plásmidos son especialmente preocupantes porque actúan como “vehículos genéticos” que pueden intercambiarse fácilmente entre bacterias, incluso de distintas especies, facilitando una rápida propagación de la resistencia frente a múltiples familias de antibióticos. Esto implica que el uso de antibióticos pertenecientes a cualquiera de estas familias podría favorecer indirectamente la persistencia y diseminación del plásmido, incluso si no se usan cefalosporinas.
Otro aspecto importante es que las cepas portadoras de estos plásmidos pertenecen a linajes de E. coli con potencial zoonótico, es decir, capaces de infectar a humanos. Esto refuerza la preocupación desde una perspectiva “One Health”, que reconoce la conexión entre la salud humana, animal y ambiental.
Estos hallazgos subrayan la importancia de vigilar la resistencia antimicrobiana en animales de producción y de aplicar estrategias coordinadas para limitar su propagación, protegiendo así la eficacia de antibióticos que son clave tanto en medicina humana como veterinaria.
Los resultados detallados de este último estudio se han publicado recientemente en Microbiology Open y están disponibles a través de este enlace.
Este trabajo ha sido financiado por el Departamento de Salud del Gobierno Vasco (Proyecto 2019111038) y el Departamento de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca del Gobierno Vasco (proyecto URAGAN 21‐00012).

