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Muestras adecuadas para el diagnóstico – parte 2

Abortos
El diagnóstico de los abortos es complejo y se suele llegar a un diagnóstico en el 40% de los fetos remitidos. Es importante destacar que no conviene remitir un aborto aislado, y hay que intentar enviar los fetos cuando se produzcan 2 o más abortos en un periodo corto de tiempo (1 mes por ejemplo). Las muestras fetales de elección son: contenido abomasal, hígado, pulmón, riñón, bazo, encéfalo; así como un fragmento de placenta. La mayor parte de los fetos va a tener un cierto grado de autolisis, y salvo que los fetos estén muy autolíticos (se deshacen), macerados o momificados, sí que merece la pena remitir muestras fetales. Incluso en fetos autolíticos es posible detectar lesiones características (p.ej. lesiones histopatológicas compatibles con Neospora). En cuanto a la placenta, lo ideal es enviar un placentoma (carúncula + cotiledón) pero habitualmente se remite tejido intercotiledonario y cotiledones. Respecto a los sueros que han de acompañar al resto de muestras, lo ideal es remitir muestras de suero de vacas abortadas y no abortadas para comparar los resultados. En este sentido, hay que tener en cuenta el estatus vacunal de los animales a la hora de interpretar los resultados serológicos.
Reabsorciones embrionarias: perfiles serológicos
Un muestreo serológico estratificado por grupos productivos sería adecuado para investigar posibles causas infecciosas: (1) novillas no paridas y vacas secas, (2) vacas de primer parto, (3) vacas de dos o más partos. Dependiendo del tamaño de la explotación, sería recomendable tomar muestras a unos 5-10 animales por lote. No es un muestreo con un diseño estadístico pero es adecuado desde un punto de vista práctico.
Diarreas neonatales
Se deben recoger heces frescas tomadas del recto de dos o tres animales no tratados, y en frasco estéril. Podremos hacer análisis bacteriológicos (E. coli, Salmonella, antibiograma), virológicos (rotavirus, coronavirus), y parasitológicos (criptosporidios, coccidios) dependiendo de la edad de los animales afectados. Las muestras de sangre servirán para la investigación de la infección por el virus BVD y para monitorizar el grado de encalostramiento. Respecto a la aplicación de test rápidos en granja para detectar patógenos (BVD, criptosporidios, etc.) la opinión es favorable siempre que conozcamos su rendimiento para poder interpretar los resultados adecuadamente.
Diarreas en vacas adultas
En estos casos es fundamental conocer el historial clínico; en el diagnóstico diferencial podemos incluir desde intoxicaciones (micotoxinas), paratuberculosis, diarrea del invierno por Coronavirus, infección por virus BVD, salmonelosis, clostridiosis, etc. Si el agua está clorada o es de red, se podría descartar como causa del problema. El análisis del alimento puede ser un tanto frustrante: en ocasiones la bola de silo que ha originado el problema ya se ha consumido y no queda muestra. Si los animales no salen a pasto ni se les proporciona hierba fresca, los parásitos gastrointestinales quedarían descartados. Respecto a la paratuberculosis se plantean dos situaciones: 1.- Para confirmar un caso clínico es suficiente tomar muestras de suero (ELISA) y heces (PCR); el cultivo es una técnica lenta y laboriosa. 2.- Para hacer un seguimiento de una explotación con casos clínicos, se recomienda un control serológico (ELISA) de los animales mayores de 18-24 meses y luego PCR en heces de los animales seropositivos. De esta forma podemos hacer un desvieje selectivo empezando por los animales excretores de la bacteria, dejando los no excretores para más adelante; los animales positivos en PCR son los que presentan mayor riesgo epidemiológico. Lo ideal sería repetir este esquema cada 6-12 meses con el fin de disminuir la presión de infección en la granja.


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